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Muros y Puertas, un programa para sentir...

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Una historia de amor incondicional...por los demás y por la profesión



Una de las más bellas historias que he escuchado, es la del Dr.  Esteban Laureano Maradona (n. Esperanza, provincia de Santa Fe 4 de julio de 1895m. Rosario, Argentina 14 de enero de 1995).
Todo lo referente a la vida del  Dr. Maradona es grandilocuente, una de las personas que hizo de su existencia una obra descomunal, basada en la asistencia y educación de sus pares, lo que haría de su biografía un libro en sí.  Empero, lo que lo trae a mi memoria en este momento es el hecho más famoso y quizás más significativo de su historia.
Al término de la Guerra del Chaco Boreal entre Paraguay y Bolivia, (en la que Maradona se alisto en forma voluntaria para asistir a los heridos de ambos bandos, ya que según sus propias palabras: “el dolor no tiene fronteras”), y luego de la perdida a causa la fiebre tifoidea de su único amor,  Aurora Ebaly,  programó apenas nacido el año 1935, el viaje de regreso a la Argentina. Para el cual decidió en primer lugar viajar en barco por rio hasta la provincia de Formosa en el noroeste argentino. Una vez allí, viajaría por tren hasta la ciudad de Orán en la provincia de Salta, donde tenía previsto visitar a uno de sus catorce hermanos, quizás para aliviar la herida de su corazón, luego de una visita similar por la provincia de Tucumán, retornaría a la ciudad de Buenos Aires, lugar donde se situaba entonces su casa paterna y el consultorio médico familiar.
Con todo el itinerario perfectamente delineado, el Dr. Maradona se encontraba en viaje, cuando el tren en el que viajaba realizo una parada rara vez programada en el ramal, era una pequeña localidad, llamada entonces Paraje Guaycurri, que luego fuera rebautizada Estanislao del Campo. Fue entonces cuando el tedioso viaje fue sacudido por unos gritos desgarradores que provenían del andén. Se trataba de una joven aborigen que estaba dando a luz, su bebé no podía esperar a que ella abordara el tren y buscara asistencia en alguna ciudad donde hubiera un hospital, tal como lo había programado la madre, debido a que este era un parto distócico. Sin mediar pensamiento y tal cual era su naturaleza Maradona salto del tren y comenzó a asistirla, en lo que demoró en nacer la criatura y se estabilizó Mercedes Almirón, la joven aborigen madre, el tren retomó su marcha, dejando al galeno en el lejano paraje.
Como es de prever, en aquel lugar y en aquella época, el servicio ferroviario era muy discontinuo,  lo que obligó a Maradona a quedarse por unos días en el lugar. Mientras gozaba de la hospitalidad de algunos lugareños ya que el paraje no contaba con hotel alguno, se corrió la voz de su estancia por lo que día tras día comenzó a concurrir cada vez más gente en busca de la asistencia del joven doctor. Esta situación llevo a Esteban Laureano Maradona a tomar conciencia no solo de la emergente situación sanitaria existente en la zona, sino también el total desamparo en el que esta población se encontraba por parte de los entes responsables. Principalmente, los más necesitados entonces eran las poblaciones aborígenes que además eran discriminados por su origen.
Toda esta realidad, conjugada con la conciencia humanitaria de Maradona, cambiaron sus planes, y a partir de ese momento, se instalo en el lugar.
 Esta decisión mejoró para siempre la vida de miles de habitantes de las selvas de Formosa y Chaco, y alcanzó a indios Tobas, Matacos, Mocovíes y Pilagás, a criollos y a inmigrantes.
No fue paupérrima su obra: logró erradicar de ese olvidado rincón del país los flagelos de la lepra, el mal de Chagas, la tuberculosis, el cólera, el paludismo y hasta la sífilis, (que él entendía como el mal aportado por la civilización, a la que por eso llamaba “sifilización”). Para lograr sus objetivos, juntó lo que podía y como podía de la ciencia médica traída de la Universidad de Buenos Aires, sus propios y extensos estudios como naturalista, su ingenio y su creatividad y trabajó con métodos y remedios caseros, escribiendo su propia versión del sanitarismo cuando enseñó a sus queridos indios a fabricar ladrillos, a edificar sus casas y a cuidar de su salud.

La descomunal obra del Dr. Esteban Laureano Maradona no concluye aquí, vivió 53 años en la selva trabajando denodadamente, pero esta pequeña síntesis de su biografía es la que sirve de ejemplo a lo que quiero ilustrar.

Cada uno de los sucesos de coincidencias y casualidades que se encontraron en la vida de este gigante de la humanidad, sirvieron para que se realice su propósito. Desde la decisión de ir a ver a su hermano a Salta en vez de viajar directo a Buenos Aires, la mujer esperando el tren para buscar asistencia médica, lo que hizo detener al tren, el bebé que no “espero” a nacer, el tren que continuó su marcha y la falta de continuidad en el servicio, todo esto encauso al Dr. Maradona a su propósito.
Él era el mejor y único ser que podía desempeñar tan magnánima tarea en la región.

Gustavo Agüera