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Muros y Puertas, un programa para sentir...

miércoles, 6 de junio de 2012

Carta al adolescente que fui



Esta mañana encontré esa canción que te gustaba tanto y me acordé de la letra de memoria. Me invadieron los recuerdos de tu presencia, entonces decidí escribirte.
Te cuento que esto de crecer y madurar es todo un reto y creo que llevo bastante bien el desafío. Es como una balanza donde tenés que equilibrar tus ideales con mis posibilidades.
Sobre lo de tus sueños te cuento que todavía conservo la “lista de sueños” que me diste, algunos ya los cumplí, otros se han transformado o perfeccionado o deteriorado, sin dudas entre tu óptica y la mía va a haber disparidad de criterios.
No llegué a comprar la moto que soñabas, pero la que utilicé me llenó de adrenalina al igual que lo imaginabas. Alexandra, tu novia, me dejó. Pero no te aflijas, tanto ella como yo conseguimos transitar el camino con personas maravillosas que nos entregaron un sincero amor. Me imagino que por lo menos estás contento por ella.
Un buen día decidí cambiar tu sueño de ser piloto de autos de carreras por la realidad de ser padre, y créeme, muchas veces se siente la misma adrenalina, vértigo, miedo, placeres, emociones y desesperanzas. Creo que por este estamos a mano. A propósito, ahora entiendo porque tu papá a veces estaba de seño fruncido y porque siempre te decía que sus consejos eran los de un amigo más que los de un padre. Muchas veces me siento a hablar con mis hijos como con un amigo, por lo menos sobre esa relación si tengo la experiencia necesaria.
No sé si alguna vez lograré ser padre, es una carrera bastante difícil y nadie te enseña cómo.

Después de un tiempo en el que traté de encajar en la cotidianidad decidí volver a ser tu mismo en muchos aspectos, por lo que te cuento que recuperé tu larga melena, tus ansias de libertad, tus impulsos “inmaduros” y tus ideas de cambiar al mundo. No estabas tan errado en esta cosa de que “se puede ser mejor si ayudamos a otros a ser mejores”.
Por otro lado te cuento que fue mentira todo lo que te prometió aquel político que tanto te ilusionó para cuando fuiste a votar la primera vez, de hecho, a mí también me ilusionaron y mintieron muchos otros políticos, así que decidí dejar de depositar en ellos las esperanzas de cambiar las cosas y tome las riendas de lo poco que puedo llegar a cambiar yo.
Entre otras cosas, cambie tu idea política, tu ideólogo, tu música, tu cuerpo, tu religión, tu casa, tu ropa, tu cama…te preguntarás ¡¡¿¿QUE QUEDA??!!... tranquilo dejé intacto lo más importante, tu corazón, tu mirada, tu esencia, tu filosofía.

No espero que contestes esta carta, sé que no te gustaba escribir demasiado, al pasar el tiempo descubrí que a mí sí, pero te prometo volver a escribirte dentro de unos años, para contarte como siguen las cosas o le escribiré al que hoy te reporta, depende como funcione mi memoria.
De todo lo sucedido me siento orgulloso, nada sucedió sin sentido y nada me llevó a un “nada” todo tuvo sus consecuencias.
Gracias por todo lo que me heredaste y ten la seguridad que he tratado de hacer lo mejor posible con ello.
Después de todo, la vida simplemente sucede.

Gustavo, tu adulto actual.

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